EL CAOS
Lima se recupera a cuentagotas del colapso energético. Que no había gas ni combustible, anunciaban las noticias en la radio, en la televisión y en los canales de Youtube. Kilométricas colas aguardaban en los grifos y en las estaciones de servicio. Que subían el GLP, la nafta y la gasolina, de golpe, y los balones de gas triplicaban su precio. La primera ministra daba la mala noticia de que los niños no podrían ir a la escuela: a encerrarlos otra vez, con clases virtuales, como en tiempos de pandemia. Los trabajadores y empleados tendrían que laburar desde sus casas. Había que ahorrar en combustible, se escuchaba entre dientes.
La ciudad semi paralizada.
El ministro de Energía y Minas profetizaba que la emergencia iba a durar 14 días. El ministro de Transportes pronosticaba que sólo había gas para 6 mil vehículos, en una ciudad donde se movilizan casi 10 millones de personas. Se priorizarán, advertía, el tren Metropolitano, el corredor vial y los taxis del aeropuerto. El resto, sálvese como pueda.
Si Gabriel García Márquez escribió Caracas sin agua para relatar la escasez del líquido elemento en esa ciudad en 1958, esta podría ser una breve crónica de Lima sin gas.
EL GRAN TUBO
Hace unos días supimos que Lima depende de un tubo de gas. Un enorme ducto de 730 km que recorre selva, sierra y costa hasta llegar a la capital a encender más del 40% de la energía eléctrica, a echar a andar 8700 unidades de negocios como industrias de alimentos, mineras e hidroeléctricas, a poner en marcha más de 503 mil vehículos y a prender millones de cocinas.
El 96% del gas natural que se produce en el país depende de ese tubo y el 88% del GLP también
Transportadora de Gas del Perú (TGP), una empresa de capitales extranjeros, es la dueña de ese tubo que terminó de construir en el 2004 para transportar y suministrar el gas natural de Camisea a Lima, Ica y el Callao, una inmensa reserva de gas que no es infinita. TGP inició operaciones exactamente el 20 de agosto de 2004, con un ducto de gas natural o gasoducto y otro ducto de líquidos de gas natural. Este último va a parar a una planta de fraccionamiento en Pisco, donde se produce GLP, gasolina, entre otros hidrocarburos. Por su parte, el gas natural del tubo más grande llega hasta Lurín y de ahí se distribuye a través de Calidda
En el 2024, cuando el tubo cumplió 20 años, la empresa reportó ganancias netas por 768 millones de dólares y sólo 250 trabajadores en la organización. El resto terceriza.
Hace unos días, el 1 de marzo, nos enteramos de que ese tubo es imprescindible, que no tiene reemplazo y que si algo le pasa, colapsa todo el sistema energético del país. El Estado no incluyó en el contrato una cláusula que obligara a la construcción de un tubo mellizo o alterno, un tubo “redundante”, le llaman. Y la empresa se hizo la desentendida y tampoco lo construyó ni al inicio ni en las sucesivas ocasiones en que hubo problemas con el tubo. Desde que se inauguró el ducto, el país ha tenido 12 presidentes, tantos como las roturas del tubo.
El analista económico Rafael Hidalgo reseña que en el año 2010 el expresidente Alan García firmó una adenda para ampliar el volumen del transporte de gas natural que incluía la construcción de dos ductos de redundancia, uno en la Selva de 55 Km, para gas natural (GNV) y para líquido de gas natural, además de un ducto de redundancia en la Costa o loop de la Costa, de 30 Km de extensión. Y una planta compresora adicional.
En el 2011, terminado el gobierno de Alan García, quedó en letra muerta esa adenda con la construcción de dos nuevos ductos que, además de llevar más volumen de gas, sirvieran como un tubo de contingencia o de reemplazo, en caso de que ocurriera una emergencia, como la que aconteció hace unos días.
Con la llegada de Ollanta Humala y Nadine Heredia al poder, pasó al olvido el tema de los tubos de contingencia, la empresa adujo amenazas terroristas. En abril de 2012, terroristas de Sendero Luminoso secuestraron a 36 trabajadores contratistas de la empresa TGP y los liberaron 6 días después.
Ese año, la autora de esta nota entrevistó a uno de los secuestrados para un reportaje que se publicó en el Seminario “Hildebrandt en sus trece”, el ingeniero Abraham Valle, quien narró los momentos de angustia vividos mientras estuvieron como rehenes de los terroristas, pero también denunció el maltrato y abandono de la empresa TGP. Una vez liberados, muchos de mis compañeros que habían sido secuestrados fueron despedidos, yo al final renuncié y demandé a la empresa”, contó aquella vez.
TGP Y EL MALTRATO A SUS TRABAJADORES
El 2 noviembre de 2023, los trabajadores de TGP lograron una hazaña casi impensable: formaron un Sindicato contra viento y marea, el SUTRATGP. Buscaban canalizar demandas colectivas en una empresa estratégica para el sector energía del país y que había dado algunas señales de abusos laborales.
La alegria de los trabajadores duró muy poquito. Nueve días después de que el Ministerio de Trabajo reconociera legalmente al sindicato, la empresa TGP despidió de forma arbitraria a 20 trabajadores, de los cuales 14 eran justamente integrantes del sindicato.
Entre los cesados estaban Vladimir Salhuana, secretario general del SUTRATGP, y otros cuatro miembros de la junta directiva. “Nos despidieron por organizarnos y buscar sentarnos con los ejecutivos de la empresa para revisar las condiciones laborales”, manifestó en ese entonces Salhuana.
Christian Sánchez, abogado del SUTRATGP, denunció que los despidos se dieron de forma irregular como represalia porque los trabajadores decidieron formar el sindicato en la empresa TGP.
Los despidos se ejecutaron el 29 de diciembre de 2023 mediante notificaciones notariales, aunque algunos empleados ni siquiera recibieron la carta exigida por ley. Otros se encontraban de vacaciones. La empresa TGP adujo que se trataba de personal de “confianza” y que podían ser despedidos, lo cual era falso.
Frente a este atropello, los trabajadores afectados denunciaron a la empresa TGP ante la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL). Durante el proceso, el ente de Fiscalización Laboral impuso una multa tibia y benevolente de S/ 190,148.25 a TGP en Ayacucho, por obstruir las inspecciones: se negó a entregar el cuadro de categorías y funciones, documento clave para verificar la supuesta condición de “confianza”.
Asimismo, en Cusco, la SUNAFIL les impuso una multa de S/. 27,089.00 ¿Por qué TGP se negó a facilitar información requerida por el inspector?
LOS MILAGROS
“Gracias, Dios mío, nos hemos salvado. Hubo una explosión y no sabemos ni dónde estamos”, contaban, a través de un vídeo, dos humildes obreros de TGP. La noticia de la fuga de gas y posterior explosión y deflagración vino a través de una cuenta de TikTok. Y no fueron ni el gobierno ni la empresa TGP los primeros en anunciar la emergencia del gas al país. Fue el analista en temas de seguridad, Pedro Yaranga, natural de Ayacucho, el que lo reveló a través de su cuenta de Twitter.
“Las únicas imágenes de los 2 trabajadores son las que ellos mismos se hicieron. Ellos se graban y comparten a un medio de Quillabamba, y el medio de Quillabamba es el que me lo envía a mí y de ahí doy la voz de alerta”, nos cuenta.
Apenas vio las imágenes, Pedro Yaranga escribió en su Twitter: “Dos trabajadores salvaron de morir.
Fue un milagro que los obreros de la TGP sobrevivieran y un milagro aún mayor que no se hubiese producido un inmenso incendio forestal en la espesura de los bosques. El alcalde de Megantoni el distrito donde ocurrió la emergencia, dio cuenta de síntomas de pobladores a causa de la inhalación de gas. La comunidad más cercana estaba a unos 13 Km, la distancia produjo el tercer milagro: que no hubiese ocurrido una intoxicación masiva de gas.
“Estaban en pleno trabajo de mantenimiento, esas cámaras que detectan fallas ya habían alertado seguramente y estaban en plena faena y ahí es donde se produce el escape de gas. Es un error humano durante la manipulación de la válvula, eso significa que no había personal calificado, para empezar. El gasoducto tiene casi 24 años, esa es la zona crítica que tiene el envejecimiento de la misma tubería y de los bombeos de las válvulas”, dice Pedro Yaranga.
No era la primera vez que el tubo se malograba. Según reporta Hidalgo, 12 veces antes el tubo había tenido fallas, roturas, problemas.
Pedro Yaranga recuerda que la primera vez fue el 2005, al año siguiente de inaugurarse del ducto,
‘Hay que tener en cuenta que las operaciones se iniciaron en 2004 y en 2005 ya presentaba algunas fallas. Ese año se registraron por lo menos 4 o 5 derrames en la selva de Ayacucho.”
El gobierno decretó 14 días de emergencia, dos semanas de cuarentena sin gas o al menos sin gas suficiente. En ese tiempo se usaron las reservas para abastecer el uso doméstico en las cocinas y a 6 mil vehículos.
En medio del caos, las grandes generadoras eléctricas ya querían pasar la factura al usuario y aumentar el recibo de fin de mes. Se quejaban de que iban a tener que usar diésel y que se encarecería su producción. En los grifos y estaciones de servicio, los precios del GLP se han disparado y del balón de gas también. Días de colas y caos
En medio de esta crisis, la presidenta del Consejo de ministros, Denisse Miralles, la misma que quería privatizar PETROPERÚ a toda costa, se dio cuenta de que la empresa privada no es perfecta y que también falla. Gran lección.
TGP no dijo nada sobre sus pólizas de seguros. Según un informe de 2024 tenía contratos con hasta 3 empresas de Seguro que cubrían la falta de GNV Y GLP.
Hasta ahora Osinergmin no emite informe alguno.
“Los abogados de Osinergmin no se quieren ensuciar los zapatos para ir a inspeccionar qué está pasando en esos tubos. No hay control ni inspección en la zona”, dice Yaranga.
Una crisis provocada por metidas de pata y omisiones culposas compartidas. Por un lado, un Estado negligente y permisivo, administrado en los últimos años por presidentes corruptos, muchos de ellos ahora en prisión. Y, del otro lado, TGP, una empresa reincidente y que maltrata a sus trabajadores.





