El día que José Jerí asumió casi por sorpresa y de madrugada la presidencia interina del Perú, algunos periodistas extranjeros intentaban confirmar si el hombre cachetón y con lentes que aparecía en el portal del Congreso con el nombre de José Enrique Jerí Oré era el mismo flaco, esmirriado y sin lentes al que acababan de ponerle la banda presidencial.
Sí, era el mismo, aunque su vida se había transformado por completo, dos años antes, desde que empezó a presidir la Comisión de Presupuesto del Congreso de la República. Su metamorfosis se dio en todo el sentido de la palabra: cambió su apariencia física completamente, su hábitat, su forma de vestir y obviamente su patrimonio y sus cuentas bancarias.

Pero antes de aspirar a ser congresista, fue procurador y asesor de un gobierno regional salpicado por la corrupción, reflotó en medio de algunos emprendimientos fallidos y no alzó vuelo tampoco en una carrera conseguida tardíamente y en universidades de mediano prestigio.
En 2014 Jerí obtuvo el grado de bachiller en Derecho en la Universidad Nacional Federico Villarreal y al año siguiente, a los 28 años, se tituló recién como abogado en la Universidad Inca Garcilazo de la Vega, la misma que en 2019 perdió su licenciamiento.
Con su título bajo el brazo, el joven JJ esperaba el golpe de suerte, el número ganador, el hada madrina que lo sacara de la casa paterna.
Buscaba despojarse a toda costa de ese derrotero de burócrata abogadil que se le presentaba y que amenazaba con condenarlo sin remedio a ser un don nadie, un José más del montón. Pero el día de su redención llegó más pronto de lo que imaginaba y de manera vertiginosa cuando con zalamerías logró caer en gracia a la dueña del circo, la mandamás de Somos Perú, quien se convertiría en su hada madrina política, Patricia Li.

Ciertamente, la vida de Jerí empezó a reescribirse cuando Patricia Li le dio el número 3 de la lista de candidatos al Congreso y con ese número también las alas para arribar a lo que finalmente es hoy: el Presidente interino que se cree Bukele, cargado de acusaciones y denuncias y manejado por los partidos que dominan el Congreso.
Antes de llegar a ese trampolín de la suerte donde lo colocó la jefa de Somos Peru, Jerí había postulado dos veces como regidor de la municipalidad de Lima por Somos Perú. Y las dos veces había fracasado. Decepcionado, no le quedó más remedio que aceptar un trabajo en el despacho del excongresista Fernando Andrade, donde permaneció sólo 8 meses y luego recayó otros seis meses más como asistente en la municipalidad de Lince. Todos sus trabajos eran por contactos con el partido, pero sintomáticamente no duraba mucho en los laburos.
Con él no iban los concursos de mérito.
Hasta que el año 2019, también gracias a su filiación a Somos Perú, se trasladó hasta Ancash para trabajar como secretario general y también como procurador público del gobierno regional de esa región. Su jefe era el gobernador de entonces Juan Carlos Morillo Ulloa, uno de los fundadores de Somos Perú en esa región, ingeniero de profesión con una sentencia por violencia familiar y con denuncias por obras sobrevaloradas como constructor. Con tales antecedentes, no duraría mucho en el cargo, al año siguiente fue apresado por presuntos actos de corrupción.
La historia en Ancash
Esta historia de José Jerí se dio entre los años 2019 y 2020 en Ancash.
En esa región lo recuerdan como un hombre de buenos modales, alegre, fiestero, de buen diente y amante de la comida típica de la región. El periodista ancashino Humberto Espinoza evoca el día en que conoció al mandatario en Acochaca, donde cantaron juntos los Chimayshis ancashinos interpretados por Anita Fajardo.
Como en casi todos sus anteriores puestos, Jerí había obtenido este trabajo como secretario general del gobierno regional de Ancash, también gracias al partido Somos Perú, donde se desempeñaba como secretario de juventudes.

El gobernador regional Juan Carlos Morillo Ulloa, era considerado parte de la cúpula del partido y recayó en esa región que en los últimos años había sido mal administrada y depredada por la corrupción. Todos sus antecesores habían salido de ahí enmarrocados: Enrique Vargas, Waldo Ríos y César Alvarez fueron procesados, sentenciados y encarcelados por corrupción. Para no desentonar, el flamante gobernador siguió la misma senda. En plena pandemia del Covid-19, se dedicó a construir ambientes hospitalarios de manera irregular y dolosa. Y también, según las denuncias fiscales, a adquirir insumos con precios inflados. Algunas de estas trapacerías fueron detectadas por la Contraloría a través de informes de control que llegaban al diligente secretario general José Jerí, que pendencieramente los encarpetaba en su gaveta de burócrata hasta lograr su prescripción. Así por ejemplo, en el año 2022 el siguiente informe da cuenta de lo que era capaz Jerí para encubrir a su jefe.

Pese a las artimañas de Jerí para tapar las maniobras de su empleador, no pudo salvarlo. Apenas un año después de sentarse cada uno en sus respectivos despachos, Morillo fue apresado y Jerí se tuvo que volver a Lima silbando bajito y otra vez a buscar trabajo. En efecto, en noviembre del año 2020 Morillo fue detenido por agentes de la Fiscalía anticorrupción, acusado de irregularidades en la edificación de ambientes para la atención de pacientes Covid-19. Y Jerí se quedó sin chamba.

Además de Morillo, fueron detenidos otros 7 funcionarios del gobierno regional, nadie sabe bajo qué artimañas se libró Jerí, pues su puesto era de suma confianza. De nuevo sin trabajo y sin la vara del gobernador de Somos Perú, Jerí dedicó entonces más tiempo al partido, lo suficiente para convencer a Patricia Li de que podría ser candidato al Congreso. Se metió de lleno en la campaña, corría, boxeaba con Maicelo, caminaba al lado de Martin Vizcarra entonces cabeza de lista de Somos Perú, bailaba al son de Soda Stereo y prometía luchar contra la corrupción y los malos congresistas.
Pese a sus esfuerzos no ganó una curul. Como se sabe, se hizo del escaño parlamentario que lo encumbró a la presidencia, gracias a la inhabilitación de Vizcarra.
Un año después de instalarse en el Parlamento y empoderado como presidente de la Comisión de Presupuesto del Congreso, las historias de aquel pendenciero procurador regional y el gobernador acusado de corrupción, que seguía en prisión a la espera de un milagro para su liberación, se volverían a cruzar. Fue el día en que Patricia Benavides envió a su asesor Jaime Villanueva a echar las redes entre los congresistas más vulnerables, más inescrupulosos y más sinvergüenzas. Aquellos que fueran capaces de canjear sus votos para lograr la inhabilitación de la fiscal Suprema Zoraida Avalos, a cambio de favores en la Fiscalía de la Nación.

El congresista fujimorista César Revilla que ya era conocido por Villanueva, ofreció sus buenos oficios para entregar en bandeja a los congresistas que calificaban como mercaderes de sus votos a cambio de beneficios del ministerio público. Entre ellos estaba el actual Presidente.
Un testigo de la primera reunión que sostuvieron en mayo de 2023 José Jeri y Jaime Villanueva, cuenta que el ahora Presidente interino llegó acompañado del secretario general de Somos Perú de entonces. La reunión fue corta y directa. Villanueva les dio el encargo de alias “Vane” y Jeri, sin dudarlo, ofreció no solo su voto, sino el de la bancada completa de Somos Perú, que eran cinco apetecibles votos para los fines de la entonces Fiscal de la Nación. Aquel día Jeri además le hizo saber a Villanueva su admiración por Patricia Benavides y le dijo que estaban “para apoyarse mutuamente” y que, por supuesto, ayudarían a que la fiscal Zoraida Ávalos fuese inhabilitada porque era “representante del caviarismo”.
Dicho todo esto, acto seguido, Jerí le pidió a Villanueva que a cambio del voto de su bancada, querían “la ayuda” de la fiscal de la Nación para la liberación del ex gobernador regional de Ancash, Juan Carlos Morillo, su ex jefe. Por entonces estaba por verse la prolongación de la prisión preventiva del exgobernador. José Jerí llegó a pedir incluso algo tan descabellado como que el fiscal no se presentara a la audiencia o que fuera cambiado por otro. Villanueva ofreció que el fiscal haría una sustentación deficiente y una mala audiencia.
El exasesor de Benavides ha declarado ante las autoridades que llevó el recado a su jefa y ella le pidió dar trámite enseguida a lo solicitado por Jeri y sacar de prisión al exgobernador Morillo.
La primera reacción de Benavides fue: “¿A quién tenemos en Ancash?”. Como el fiscal del caso era titular y no lo conocían, optaron por una estrategia a nivel judicial, Villanueva conocía a un fiscal que era muy amigo del juez a cargo de la audiencia para la liberación de Morillo, que finalmente se logró.
Igualmente, Jerí y toda su bancada cumplieron con su parte y votaron en bloque a favor de la destitución de Zoraida Ávalos.
El trato entre las dos partes mafiosas se había cumplido.

Pero el tema no quedó ahí, según fuentes cercanas a la Fiscalía, el ahora Presidente interino estaba “prendado” de Patricia Benavides, al punto que buscó la manera de reunirse cuatro veces más con ella. Y, en efecto, tuvieron más encuentros en sus respectivos despachos. Jerí no iba con las manos vacías, su caballito de batalla era ser el Presidente de la Comisión de Presupuesto del Parlamento. Le ofreció a Benavides aprobar un bono para todos los fiscales a nivel nacional.
“Estaba por darse el bono, Jerí se lo ofreció, pero después vino el operativo “Valquiria” que dejó fuera a Patricia Benavides y el tema quedó ahí”, dice la fuente.
Es decir, Jerí usaba como si fuera su chacra la Comisión de Presupuesto del Congreso y contribuyó al despilfarro.
El día de la juramentación de José Jerí como Presidente interno, acudió también a Palacio Juan Carlos Morillo, hoy vicepresidenta de Somos Perú, y aplaudió frenéticamente a su ex procurador.




