El 20 de diciembre pasado, el entonces presidente del directorio de PETROPERÚ, el ingeniero petrolero Luis Canales, se subió a un avión rumbo a Talara, una provincia norteña empobrecida y azotada por la delincuencia que alguna vez fue llamada la ciudad luz, donde se asienta uno de los balnearios más bonitos del país, Máncora. En esa provincia se ubica también la más grande refinería de petróleo del Perú, una majestuosa obra de ingeniería que fue vuelta a construir antojadizamente durante el gobierno de Ollanta Humala a un costo casi de casi 6 mil millones de dólares.
Canales sabía que el reloj jugaba en contra, tenía a todos los funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) tratando de hundir a Petroperú: casi sincronizadamente la ministra de Economía Denisse Miralles había salido a decir que era una empresa quebrada, idénticas declaraciones había manifestado el primer ministro Ernesto Álvarez. Esa mala onda alevosa se tiraba por los suelos las negociaciones que los directivos de Petroperú venían realizando con algunos bancos para asegurar, por lo menos, que el crudo llegase a la refinería y se pudiera reflotar Petroperú. “Los bancos decían necesitamos que salgan los ministros a decir que ellos está dando soporte para poder soltar la liquidez”, asegura un exdirectivo de Petroperú. Pero el gobierno hacía todo lo contrario: se traía abajo la reputación de la empresa petrolera de bandera peruana.
Entretanto, la situación en la Refinería de Talara era tremenda: Casi no había crudo para refinar porque no se les estaba pagando a los buques que lo traían y habían llegado cartas amenazantes de los proveedores que, por falta de pago, amenazaban que iban a cortar el gas, elemento imprescindible para el proceso de refinación. Y así una serie de proveedores daban últimatums a la empresa, mientras que una coalición de 12 sindicatos de Petroperú denunciaban el plan privatizador en ciernes.
Sintomáticamente, los voceros del gobierno muy locuaces para destruir la imagen de Petroperú, habían cortado la comunicación con el presidente del directorio, Luis Canales. Nadie contestaba el teléfono, nadie le daba explicaciones de por qué el gobierno se negaba a dar su respaldo si había bancos como Citibank, entre otros, dispuestos a dar una liquidez de 300 millones de dólares como capital inicial para ayudar a levantar a la compañía. En su incredulidad y convencido de que todo se estaba haciendo a espaldas del mandatario interino, Canales decidió enviar una carta a José Jerí donde le pedía una reunión directa para exponer sobre la situación de Petroperú, informar sobre las acciones que se estaban realizando y de paso solicitar el respaldo que necesitaban del gobierno para lograr la liquidez que algunos bancos estaban dispuestos a otorgar a la compañía.
Esta es la carta enviada por el entonces presidente del directorio de Petroperú al interino José Jerí:

Cerca de las 5 de la tarde del 22 de diciembre último, desde Talara, Canales envió la carta a Jerí a través de su secretaria y a las 7 de la noche subió al avión de regreso a Lima.
En ese interín, enterados de que el entonces presidente del directorio de la petrolera, había pedido una reunión con Jerí, la junta de accionistas de Petroperú, conformada por funcionarios del MEF y el MINEM, pero manejada por un personaje del cual nos ocuparemos más adelante, se reunieron de emergencia y decidieron una sola cosa: sacar a Canales de la Presidencia del directorio de Petroperú. En realidad, hicieron un enroque y pusieron en su reemplazo a Elba Rojas Alvarez, que era miembro también del directorio y que en ese momento ni siquiera se encontraba en el Perú. Y dejaron a Canales sólo como director, pero renunciaría días después.
Ni bien bajó del avión, Canales recibió la llamada del ministro de Energía y Minas de papel, Luis Bravo, quien le informó lo que sin duda habían decidido otros: lo habían desembarcado del cargo “por no estar alineado con el gobierno”, le habría dicho, según fuentes cercanas al expresidente del directorio de la petrolera.
Fue tan precipitada la decisión de poner a Elba Rojas como presidenta del directorio de Petroperú, que nadie recordó que se encontraba de vacaciones fuera de Lima, en Los Estados Unidos. La señora, de casi 80 años, tuvo que truncar sus vacaciones y volver raudamente a Lima.


“La señora Elba Rojas, de avanzada edad no cuenta con el perfil y no cuenta con experiencia en Hidrocarburos. Es una irresponsabilidad de la junta general de accionistas, de la cartera de la señora Denisse Miralles, poner a una persona incapaz, porque ella lo que busca, contra viento y marea, es abordar el Decreto de Urgencia para que todo vaya direccionado a la privatización de la empresa”, dice Rafael Noblecilla dirigente de los sindicatos de Petroperú.
Ciertamente, Elba Rojas no fue puesta ahí fortuitamente. La escogió alguien que la conoce muy bien porque ha trabajado con ella en el sector energético: Mario López Tejerina, el verdadero mandamás del Ministerio de Energía y Minas, según diversas fuentes. Este personaje es descrito como bravucón, intenso, violento, que pierde los papeles con frecuencia y gritonea a quien se le ocurra contradecirlo. Él mismo se encargó de garantizar entre los funcionarios del MEF y del MINEM que su ex jefa, cuando él era gerente de Electrocentro de Huancayo y ella gerente general de Distriluz, iba a acatar todo lo que se le dijera.
La Pista Clave llamó a la señora Elba Rojas pasa hacerle una serie de consultas que no quiso responder. Esto fue lo que dijo y no dijo:
Así, con la presidenta del directorio de Petroperú de su lado, López Tejerina, hasta entonces un poderoso asesor en la sombra de un ministro que no tiene voz ni voto, pasó de ser asesor sólo del MINEM a comandar los dos gabinetes de asesores por encima de Pedro Herrera, quien es el jefe de gabinetes del MEF.
A pesar de que ya hacía y deshacía en el MINEM, 31 de diciembre recién fue oficializado su nombramiento y publicado en El Peruano.


Empoderado, López Tejerina, quien desde un inicio apuntaba al descuartizamiento de la empresa petrolera, les torció el brazo a los del MEF para llevar adelante la ejecución de su plan. Los exdirectivos de Petroperú proponían la organización de unidades de negocio de la compañía para ver cuáles podrían resultar rentables y cuáles no.
El interés, puesto de manifiesto por López Tejerina, según diversas fuentes, apunta a dos cosas: la importación de crudo que es casi el 49% del presupuesto de Petroperú y los seguros que implica varios millones de dólares. Esos son los dos puntos estratégicos que Tejerina y compañía querrían manejar.
Dos exfuncionarios de Petroperú, que no pueden revelar sus nombres por haber firmado contratos de confidencialidad con la empresa, señalan a López Tejerina como el verdadero gestor del Decreto de Urgencia que le pusieron a José Jerí para que al filo de las campanadas del año nuevo lo lanzara, dando luz verde a una privatización que el gobierno se niega a reconocer como tal.
Lo increíble es que también a inicios de diciembre, el gobierno nombró como viceministro de Hidrocarburos a un improvisado, Luis Enrique Jiménez Borra, hijo de la exministra aprista Virginia Borra. Señalado por especialistas en el sector como un verdadero inexperto en un contexto que urge un manejo técnico y especializado. Según la hoja de vida, Jiménez Borra ha ocupado cargos como el gerente municipal y asesor de alcaldía de la Municipalidad de San Isidro.
Los dos accionistas de la compañía petrolera, el MEF y el Ministerio de Energía y Minas, están en una pugna de poderes. Cada cartera tiene sus propios titiriteros, que están detrás de escena poniendo en marcha lo que será realmente la segunda privatización de la empresa petrolera de bandera. Como lo ha recordado el memorioso analista económico Rafael Hidalgo, la primera la llevó a cabo Alberto Fujimori cuando se remataron al peso la cadena de 108 grifos, una flota de 5 buques tanques, la Refinería La Pampilla, la distribuidora Solgas, los tanques de almacenamiento, Petromar (litoral) y las concesiones del Lote 8 (selva) y el Lote 10 (Talara).
Y ahora hemos pasado del afán privatizador fujimorista, que le tomó varios años, al apetito “a toda máquina” jerista, que lo quiere hacer al caballazo en apenas 6 meses que le restan de gobierno interino.
Treinta años después de la privatización de los 90, Petroperú pasó de tener la posición dominante en el mercado nacional de combustibles a solo contar con el 26 % del mercado (octubre 2025): 42 % en diésel y 31 % en gasolinas. Sin embargo, Petroperú cuenta con más del 85 % del mercado en departamentos con alto índice de vulnerabilidad como: 100 % en Loreto, 97 % en Madre de Dios, 85 % en Ucayali, 80 % en Amazonas.
Qué es lo que está en juego con este plan privatizador puesto en marcha? Rafael Hidalgo menciona: “para la mesa de remate, a cargo de los martilleros de ocasión, para la segunda ola privatizadora destacan: la Refinería de Talara, la Central Térmica de Cogeneración (100 MW), la planta de agua, la planta de GLP, los tanques de almacenamiento, el edificio de la sede principal, la Refinería de Conchán y el “hueso” del Oleoducto”.
Reunión clandestina en el chifa
Y en medio de todas estas movidas sospechosas surge un vídeo revelador del programa Punto Final donde se le ve a Jerí encapuchado ingresando a un edificio, el 26 de diciembre a las 11 de la noche, para reunirse clandestinamente con el empresario chino Zhihuan Yang, quien además de sus propios intereses, se habría reunido con Jerí para recomendar a otros grandes inversionistas chinos, justamente interesados en temas de minería y petróleo.


En las imágenes de este José Jerí encapuchado se le ve portando un morral negro que no se le conocía en sus múltiples apariciones públicas.
¿Qué llevó y trajo en ese morral?
La Pista clave tuvo acceso a una carta de interés de un conglomerado chino con experiencia en proyectos energéticos y petroleros, China National Chemical Engineering Corporation Ltd. (CNCEC) cuyo vicepresidente llegó al Perú y buscaba reunirse con el ministro de Energía y Minas.
En la carta se menciona que el conglomerado estatal chino “tiene operaciones en más de 80 países y ha liderado importantes iniciativas estratégicas y proyectos en cooperación con gobiernos y empresas públicas”.
Fuentes del sector señalan que este conglomerado chino había puesto el ojo en la empresa estatal Petróleos del Perú, Petroperú.
¿Tuvo que ver la reunión subrepticia de Jerí con el empresario chino Zhihuan Yang en alguna negociación para invertir en Petroperú?
Eso lo determinarán las investigaciones.
Esta es la carta del conglomerado chino estatal dirigida al entonces presidente de Petroperú para reunirse con el ministro de Energía y Minas.

Lo sintomático es que 5 días después y también al filo de la medianoche para la llegada del nuevo año, se publicó el Decreto de Urgencia referido al manejo de Petroperú.
En teoría y en el papel, José Jerí, según este DU ha puesto en las manos de ProInversión la escisión, venta y/o concesión de sus activos y ha consignado los montos del plan: S/ 240 millones para financiar un programa de reducción de personal y S/ 144 millones para realizar el proceso de venta.
Y para llevar a cabo el plan lo primero que hicieron los titiriteros fue deshacerse del presidente del directorio que el propio gobierno había colocado apenas un mes atrás.
“La plata viene sola”, dijo Alan García alguna vez y eso lo tiene claro el gobierno jerista. Antes de la bajada de Reyes, el 5 de enero último, con grandes ínfulas de gamonal, Fernando Alarcón Díaz, quien es el secretario de Proinversión, la agencia que presidía hasta hace unos meses la señora Miralles ahora ministra de Economía, le envió un oficio conminatorio al entonces gerente general de Petroperú, Luis Villa Mora, ordenándole que le mande plata.
“Se solicita se sirva disponer con carácter de urgencia la transferencia financiera a favor de PROINVERSIÓN de 86, 406, 000.00 (86 millones 406 mil soles)” se lee.
¿Y no que Petroperú estaba sin fondos?
Como el gerente no giró la plata, lo echaron también y pusieron en su lugar a Rita López, que ya era funcionaria de la petrolera. Luego el MINEM a través de otra carta dio marcha atrás asumiendo el envío de ese dinero.
Al cierre de esta edición otro hecho inaudito surgió en medio de esta batahola de improvisaciones y olor a chicharrón quemado de chifa: renunció la flamante nueva gerente general de Petroperú, según nuestras fuentes porque no toleró el temperamento y el maltrato del que se cree el mandamás del MINEM, Mario López Tejerina.
*Mañana no se pierda la entrevista al vuelo que le hizo La Pista Clave a quien está haciendo y deshaciendo en el ministerio de Energía y Minas: Mario López Tejerina.




