Morgan Quero jura que no quiere ser presidente. Lo dice con la serenidad de quien acaba de perder la oportunidad de serlo. Porque, aunque ahora lo niegue, el ministro de Educación soñó con el sillón de Pizarro cuando se afilió a Ciudadanos por el Perú, el partido de Nicanor Boluarte, y hasta se alucinaba en la foto oficial del 2026.
En febrero del 2024, Morgan Quero se afilió a Ciudadanos por el Perú (CPP), el partido de Nicanor Boluarte. Con ello, Quero cumplía con la norma que exige el límite de afiliación hasta julio del 2024 para ser candidato presidencial. Todo parecía bonito cuando en enero del 2025 el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) oficializó la inscripción de CPP. “Parecía”, hasta que vino la sorpresa: el personero de CPP se equivocó y recién inscribió la afiliación de Quero el 12 marzo del 2025. Los sueños presidenciales del buen Quero se quebraron. Ley de Murphy para el ministro querubín.
Hoy, Quero niega lo que las fuentes de su entorno aseguran: Quero quería ser presidente. Pensemos: ¿quién se afilia a un partido político con estructura nacional, fundado por el hermano de la presidenta y en plena efervescencia electoral, solo por deporte cívico? Nadie. Mucho menos alguien que, como Quero, goza de una trayectoria académica de vitrina, con doctorado europeo, inglés impecable y la vanidad bien planchada. Lo suyo no era una inocente afiliación: era la antesala de una candidatura.
Los allegados a Quero cuentan que le han pedido hacer el intento de remediar el error ante el JNE. Nuestras fuentes en la entidad dicen que puede cambiar la fecha de afiliación es casi imposible. Cuenta su entorno que sugirieron a Quero aceptar una candidatura al Senado o a la Cámara de Diputados, pero Quero quería más. No el curul, sino el sillón de Pizarro.
El tema ahora es que el calendario no perdona ni a los que se creen predestinados. Si quisiera tentar el Congreso, tendría que renunciar al ministerio hasta el 13 de octubre próximo. Y renunciar a un ministerio -con alfombra, asesores, circulinas y liebres- no es algo que un político en ascenso haga sin garantías.
El fichaje de Quero era funcional: darle una cara académica a un proyecto que huele a continuidad. Pero el error en su afiliación cortó de raíz ese experimento. Un error técnico que desnudó la precariedad política del entorno presidencial y el exceso de confianza de su ministro estrella.
Así que, por ahora, Morgan Quero se consuela con los micrófonos. Habla como candidato, se mueve como candidato, responde como candidato (“yo no estoy pensando en eso, estoy enfocado en la educación del país”), y cada entrevista suya parece un mitin de esquina.
Quizás por eso, cuando lo escuchen negar sus ambiciones, créanle a medias. En el Perú, la negación siempre es el primer acto de campaña.




