El Parlamento más nefasto de los últimos tiempos nos arrojó un personaje digno de un cómic o de una novela policiaca. Un sujeto insignificante sin impronta, sin gestas ni trayectoria, una espora del Congreso como lo llamó la historiadora Carmen Mc Evoy, un pelele como lo calificó César Hildebrandt, un “Pajerí” en fin, como lo bautizó el ingenio popular que no encontró mejor símbolo en una marcha, para graficar su esencia, que un violín inmenso hecho de cartón.
Ya se habían encendido todas las alarmas de su accionar presuntamente delictivo, pero eso lejos de disuadir al Parlamento lo animó aun más para endosar a semejante personaje como el interino en reemplazo de la señora de las cirugías, las matanzas y los rolex, Dina Boluarte.
Jerí ya había sido nombrado por el aspirante a colaborador eficaz y exasesor de Patricia Benavides, Jaime Villanueva, como el hombre que negoció los votos para sacar a la fiscal Zoraida Avalos a cambio de que la Fiscalía de la Nación ayudara a su ex jefe encarcelado, el exgobernador de Ancash, Juan Carlos Morillos.
Jeri ya había sido mencionado por una empresaria como el extorsionador que le pedía dinero a cambio de favorecer sus negocios, cuando era miembro y después presidente de la Comisión de Presupuesto del Parlamento.
Jerí ya venía siendo investigado por los fiscales anticorrupción por un un mensaje de WhatsApp donde se le mencionaba, no como hacedor de leyes proactivas en bien del país, sino como presunto receptor de coimas. “200 mil dólares para José Jerí por una ley”, escribió un exfuncionario de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios que ahora está encarcelado.
Jerí ya había aprobado todas las leyes pro crimen, había participado en la elección de los inefables miembros del TC, había archivado la denuncia constitucional contra Dina Boluarte por las muertes durante las protestas y había desfalcado las arcas públicas con iniciativas legislativas despilfarradoras cuando era presidente de la Comisión de Presupuesto y también como Presidente del Congreso.
Jerí tenía fama de lobbista, de juerguero y mujeriego y en el Congreso hizo gala de todo ello.
Jerí fue acusado de ser el presunto violador de una joven que lo denunció y fue salvado después de una investigación sumaria e incompleta por Tomás Aladino Gálvez que archivó el caso.
Con tales antecedentes resultaba un castigo, un insulto, una afrenta para el país que alguien así fuera impuesto para dirigir un país sumido en la desgracia de la corrupción y en la tragedia del crimen organizado. Pero para la mayoría del Congreso era más bien una carta de garantía de continuidad de las leyes pro-crimen, las fechorías y los compadrazgos, no había de qué preocuparse, las cosas seguirían igual o mejor para ellos: más repartijas, más impunidad, más corrupción y peor para el país: menos orden jurídico e institucional. Nada cambiaba, sólo se reemplazaba a una bruja de trapo por un títere de cartón.
Desde que pisó palacio de Gobierno, los medios independientes y los ciudadanos que salieron a marchar lo advertimos sin eufemismos y en voz alta: el caballero advenedizo era un peligro andante, su insignificancia era inversamente proporcional a su peligrosidad.
Y, efectivamente, Jerí ha demostrado con creces de lo que era capaz y también de lo incapaz que era en sólo 4 meses de desgobierno. De todo el daño ocasionado al país en tan poco tiempo lo peor es que la inseguridad se ha disparado y el crimen organizado ha aprovechado estos meses para avanzar sin control con las extorsiones y los crímenes.
Y ahora Jerí regresa como un boomerang al lugar de donde fue lanzado.
El mismo Congreso que puso en Palacio a su “mejor representante” se hará cargo de él.
Con el respaldo de Alianza para el Progreso (APP) de César Acuña, se completaron las 78 firmas para poder convocar al pleno extraordinario donde se debatirá la salida de José Jerí.
El cálculo político de los acuñistas los hizo caer en la cuenta de que era imposible encubrir la ola de denuncias de la prensa que desnudó la absoluta incapacidad moral y de toda índole de José Jerí para conducir el país.
Ahora sólo queda esperar cuando a Rospigliosi se le antoje convocar a los parlamentarios, que en estos momentos vacacionan, para debatir al fin la salida del interino Jerí de Palacio de Gobierno, convertido en mitad agencia de empleo y mitad hotel señorial.
Luego viene la bronca de si es vacancia presidencial o censura de la mesa directiva. Keiko Fujimori demostró una vez más su actitud siempre de espaldas al país.
Lo que no se puede ni debe permitir una vez más es que si el Congreso decide sacarlo no arrojen a Palacio de Gobierno otro esperpento con la misma o peor incapacidad moral que sus antecesores, justo a pocos meses de las elecciones generales.
Estaremos atentos y no lo vamos a tolerar.
*Sobre la autora: Sonia Suyón ha sido redactora de la revista Caretas cuando su director era Enrique Zileri, reportera de los programas de TV de César Hildebrandt “En la Boca del Lobo” y “A las 11 con Hildebrandt”, investigadora y productora periodística de “El Francotirador” dirigido y conducido por Jaime Bayly, productora de Panorama. Actualmente colabora con el semanario “Hildebrandt en sus 13” y es corresponsal del diario La Razón de España. Ha dictado cursos de periodismo de investigación en la PUCP y ha ejercido el periodismo en Perú, España y Argentina.





