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LAS DOS CARAS DEL PERÚ

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El país a la deriva.

Hace unos días en Piura mataron a balazos al abogado Percy Ipanaqué, un candidato a diputado que dio cuenta de la corrupción al más alto nivel dentro de la policía en su región.

No hay culpables aún.

En Pacasmayo, La Libertad, asesinaron al periodista Fernando Núñez que denunciaba en su portal “Kamila Noticias” la corrupción en la administración pública de su región y de su ciudad. Nadie ha dado con sus verdugos. Y con él suman ya tres los periodistas asesinados en lo que va del año, cifra que sólo se registraba en la dictadura de Alberto Fujimori y en tiempos del terrorismo de Sendero Luminoso

Y en Lima también planeaban mandar a matar a la periodista de investigación Karla Ramírez, jefa de investigación de Panamericana Televisión y columnista de La Pista Clave, que puso al descubierto las fechorías del exministro Juan José Santivañez, quien ahora, muy campante, pretende ser senador por la Agrupación de César Acuña.

El viernes emboscaron y mataron al conocido payasito Tuki Tuki, Roger Gallegos, un trabajador independiente que se ganaba la vida haciendo reír a los niños en sus fiestas infantiles. Ahora lo llora su familia, y en especial su hija, que cumplía años el mismo día que lo mataron. Tuki Tuki un día se  sacó el disfraz y con el rictus de temor que pinta el rostro de casi todos los peruanos, llegó a denunciar ser víctima también de la extorsión, como tantos transportistas y emprendedores, como miles de ciudadanos que viven en zozobra y al acecho de los delincuentes y extorsionadores, que denuncian, que piden ayuda, pero de nada sirve.  No hay respuestas efectivas del Estado. 

Ayer en el Callao unos sicarios asesinaron a balazos a Zaraí, una adolescente deportiva, a pocas cuadras de la comisaría de su barrio. 

¿Quién la mató? ¿Por qué la mataron? Son preguntas que quedan casi siempre en el aire flotando.

Nadie está libre. Nadie se salva. 

Estas son sólo algunas víctimas, en los últimos días, de la delincuencia y el crimen organizado que cada vez se muestra más feroz y más devastador.

El señor José Jerí debería reconocer que sus medidas han fracasado, que los homicidios no sólo se han incrementado sino que se están desbordando más y con más ferocidad. 

El crimen organizado y las bandas, que tienen sus propias leyes en el Parlamento, saben que van ganando terreno a pasos agigantados y por eso extorsionan y acribillan a sus anchas, todos los días, a cualquier hora, no importa la edad, no importa el oficio, no importa si la víctima tiene hijos o no, si es menor de edad o anciano. 

No hay límites. 

Y en Palacio tampoco hay límites.

Y en el Congreso tampoco hay límites. Ahí la mitad de congresistas tienen carpetas fiscales y todos buscan encaramarse al nuevo Congreso bicameral gracias a una ley que ellos mismos aprobaron, a pesar de que el 90% de los peruanos votamos por el NO a la bicameralidad y el NO a la reelección. 

Tampoco tiene límites la Fiscalía de la Nación, tomada por asalto y que desmantela impunemente las unidades y los equipos especiales de lucha contra la corrupción y atrae a los fiscales de cuello blanco y corbata separados, cada vez son más los hermanitos de la corrupción.

Tampoco hay límites en el Tribunal Constitucional que de un plumazo, resolución mediante, obliga a los jueces a aplicar leyes pro crimen organizado.

Y la Junta Nacional de Justicia igualmente no tiene límites y la Defensoria del Pueblo simplemente ahora es invisible, inexistente.

El señor Jerí debe reconocer que el show y la remangada de camisas y el tour con la ministra favorita y las visitas exprés que hace no salvan al país de un enemigo tan implacable como la delincuencia.

El señor Jerí le debe al país explicaciones. Pero, lejos de eso, decide marcharse a Ecuador con una corte de 10 ministros de Estado y una comparsa de 10 personas, entre personal de seguridad, asesores y asesoras, una de ellas, Stephany Vega, la misma con la que bailó hasta abajo  en plena pandemia en una fiesta prohibida, la misma que incrementó  inexplicablemente su patrimonio al igual que él.

El país se desangra y los delincuentes asesinan con total desparpajo y Jerí se siente feliz con las preguntas tan cómodas y risueñas de su jocosa entrevistadora, bajo el auspicio de El Comercio.

La payasada en vivo.  

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