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LOS TRANSFUGAS ESTÁN DE VUELTA

Por:

Mariano Segura
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Este domingo el fujimorismo se hizo de la presidencia de la Mesa Directiva, tras ganar con 30 votos a favor y uno viciado. A pesar de que la oposición se quiso mostrar sólida para vencer en esta primera pulseada, una traición envuelta en voto viciado, jugó a favor del fujimorismo, lo que recuerda a los famosos trásfugas que reclutaba Montesinos para favorecer la re-reelección de Alberto Fujimori.

En efecto, dos listas se disputaban la presidencia del flamante Senado de la República: la de Miguel Torres, respaldada por Fuerza Popular y Renovación Popular, y la de Daniel Barragán, cabeza visible de una alianza opositora que reunía a Juntos por el Perú, Obras, Ahora Nación y el Partido del Buen Gobierno. Fernando Rospigliosi condujo la sesión, y a su lado, como escrutadoras, se sentaron Patricia Juárez, de Fuerza Popular, y Agripina Flores, del Buen Gobierno.

El resultado de la primera vuelta no tardó en generar ruido. Torres sumó 30 votos; Barragán, 29. Y uno que Rospigliosi declaró viciado: la cruz estaba marcada sobre el recuadro de la Lista 2, aunque un pequeño trazo adicional aparecía también en el recuadro de la Lista 1. Fue suficiente para que Juárez pidiera que se impugnara. Flores, en cambio, sostuvo que el voto era válido. La discusión no llegó a mayores porque, de todos modos, ni Torres ni Barragán habían alcanzado los 32 votos —la mitad más uno de los senadores presentes— que exigía el reglamento para ganar en primera vuelta. Rospigliosi suspendió la sesión, pidió que se imprimieran nuevas cédulas y anunció una segunda votación, esta vez a mayoría simple.

EL PRIMER VOTO VICIADO

¿Quién pudo haber viciado el voto en esa primera votación? Todo apunta a Serafín Andrés Luján de Juntos por el Perú (JP), quien no mostró su voto.

En la segunda votación, cuando se abrió el ánfora, por segunda vez consecutiva, el voto viciado se volvió a repetir: Rospigliosi contó 30 votos para Torres, 29 para Barragán, y otra vez una cédula viciada, invalidada por el reglamento. Rospigliosi satisfecho no necesitó deliberar más: como la segunda vuelta solo exigía mayoría simple, proclamó ganadora a la lista de Torres y la invitó a jurar. En cuestión de segundos, el aplauso de un lado del hemiciclo se cruzó con el silencio del otro. Miguel Ángel Torres Morales, hijo del histórico fujimorista Carlos Torres y Torres Lara, se convertía así en el primer presidente del Senado del actual periodo legislativo, acompañado en la Mesa Directiva por Alejandro Muñante como primer vicepresidente, Nilza Chacón como segunda vicepresidenta y Estanislao Mancha como tercer vicepresidente.

Los cuatro partidos de la alianza opositora habían pactado, como señal de transparencia, mostrar abiertamente sus cédulas antes de depositarlas en el ánfora —pese a que el reglamento establece que el voto es secreto—. Casi todos lo hicieron, pero no todos.

SEGUNDO VOTO VICIADO

En la segunda votación, Silvana Robles, senadora de Juntos por el Perú, dobló su cédula y la depositó directamente, sin mostrarla. Al volver a su escaño, y salvando la distancia a puro gesto, su colega Nora Bonifaz la increpó, con las manos, por no haber enseñado el voto. Robles respondió del mismo modo, gesticulando que había votado por la Lista 2.

¿Quién es la senadora que, de la noche a la mañana, pasó a ser señalada como la responsable de que el fujimorismo se quedara con el Senado? Silvana Emperatriz Robles Araujo tiene 41 años, nació en La Merced, Chanchamayo, en la selva central de Junín, y es cirujana dentista de profesión. Llegó al Congreso en 2021 como parlamentaria de Perú Libre, el partido con el que Pedro Castillo ganó la presidencia ese mismo año, y en noviembre de 2022 asumió como ministra de Cultura de su gobierno. Duró menos de un mes en el cargo: renunció el 7 de diciembre de 2022, el mismo día del intento de autogolpe de Castillo, y se desvinculó de Perú Libre poco después. Desde entonces se define como independiente de izquierda, y esta vez llegó al Senado bajo la bandera de Juntos por el Perú, el partido de Roberto Sánchez.

Ya con el nombre de Robles circulando entre las bancadas de izquierda, la propia senadora ofreció, en menos de 24 horas, tres versiones sucesivas de lo ocurrido. La primera, apenas terminada la sesión: un descuido. “Mi voto fue por la Lista 2. Ante las especulaciones, durante la segunda votación no mostré mi voto por un simple descuido”, declaró, y remató: “Quienes conocen mis convicciones saben que jamás habría votado para que el fujimorismo presida la Mesa Directiva del Senado”.

La segunda versión ya no se conformaba con explicar su propio silencio: apuntaba el dedo hacia el bando ganador. Robles denunció que el fujimorismo había impedido el ingreso de la prensa a la votación, lo que —según ella— facilitaba que alguien “marcara una cédula potencialmente” para perjudicar a la oposición. “Yo creo que presumir una situación como tal, teniendo en cuenta los antecedentes que he tenido frente al nefasto fujimorismo, es un claro insulto a mi persona”, sostuvo ante la prensa, y cerró con una pregunta que ella misma respondió: “¿Fue una conspiración? Yo creo que sí”.

La explicación no calmó a su propia bancada. Horas después, Roberto Sánchez compareció ante la prensa para anunciar la suspensión de Robles de sus derechos partidarios, mientras se abría una investigación sumaria interna. “La bancada tuvo un acuerdo de manera conjunta de ser transparente en la emisión de su voto. Como derecho discrecional, correspondía mostrar el voto. En ese sentido, la parlamentaria, la senadora Silvana Robles, no lo hizo”, explicó Sánchez, y no descartó un desenlace mayor: “Corresponderá su expulsión”, advirtió, si la investigación confirmaba la infracción.

Ya suspendida, Robles dio una tercera versión, esta vez en el programa Panorama, donde endureció el tono. Se definió como una “enemiga de clase” del fujimorismo y pidió revisar las grabaciones del recinto para despejar cualquier duda. “Por un descuido involuntario, lo acontecido el día de hoy debe quedar muy claro. De ninguna manera fue con dolo no querer mostrar mi voto y darle mi voto al fujimontesinismo”, insistió. “Yo quisiera que se revisen bien las cámaras de dónde provino este voto viciado”, agregó, apelando a una prueba que, por la ausencia de camarógrafos de prensa durante la sesión, nadie parecía tener a la mano con la nitidez suficiente para zanjar el debate.

Y ahí quedan, hasta ahora, las dos hipótesis sobre la mesa. La primera, la que sostiene la propia coalición opositora y que motivó la suspensión de Robles: que la senadora incumplió el pacto de transparencia, no mostró su cédula porque no quería que sus colegas vieran que había votado distinto a lo acordado, y que su explicación del “descuido” es, como mínimo, insuficiente para las cuatro bancadas que perdieron la Mesa Directiva por un solo voto. La segunda, la que defiende la propia Robles: que el voto viciado no fue un acto de ella, sino de otra persona —posiblemente la misma que ya había generado sospechas en la primera ronda—, y que la ausencia de prensa y de cámaras claras dentro del hemiciclo es, en sí misma, un problema que le impide a cualquiera probar con certeza qué cédula perteneció a quién. Ninguna de las dos hipótesis, por ahora, cuenta con una prueba pública definitiva: el voto, por reglamento, es secreto, y las imágenes que existen del recinto no han sido difundidas con el detalle necesario para identificar con nombre y apellido a quien marcó ambas casillas.

JORGE GAVIDIA, SENTENCIADO POR ESTAFA ES OTRO SOSPECHOSO

Un tercer congresista, Jorge Gavidia, del Partido de Buen Gobierno, no mostró su cédula de votación. Lo hizo recién cuando sus compañeros se lo hicieron saber, pero lo hizo de tal manera que tapó con sus propios dedos la cédula por lo que no se pudo apreciar bien. Y como el Congreso no permitió el ingreso de periodistas ni fotógrafos y camarógrafos, no hay más imágenes que las de las cámaras de TV Perú. Gavidia tiene al menos 3 sentencias en su contra. Las más graves son dos por estafa, pero además tiene otras dos condenas por alimentos. Y además tuvo impedimento de salida del país en dos oportunidades. Una joyita. Y no hay que olvidar que precisamente el fujimorismo se encargaba de echar redes sobre aquellos congresistas con cuentas pendientes con la justicia para volverlos tránsfugas.

EL TRANSFUGUISMO DEL PRIMER FUJIMORATO

La escena, como muchos no tardaron en señalar en redes sociales, tiene un eco lejano pero incómodo. La última vez que unos votos parlamentarios torcieron el rumbo de una Mesa Directiva en el Congreso peruano fue, también, un 28 de julio, aunque veintiséis años atrás. En 2000, el día de la instalación del nuevo Parlamento tras la tercera reelección de Alberto Fujimori, dieciocho congresistas de oposición —entre ellos Alberto Kouri, entonces de Perú Posible— se pasaron de bando y le entregaron al oficialismo la mayoría que las urnas no le habían dado. El escándalo de fondo, sin embargo, no estalló ese mismo día: fue recién el 14 de septiembre, casi dos meses después, cuando el Frente Independiente Moralizador difundió el primer “vladivideo”, que mostraba a Kouri recibiendo 15 mil dólares de manos de Vladimiro Montesinos a cambio de su cambio de bancada. Aquel video terminó destapando toda la red de compra de congresistas que sostenía al fujimorismo en el Congreso, y dos meses después, Fujimori huía del país por fax.

Este episodio abre peligrosamente la posibilidad del retorno del transfuguismo.

El resultado, mientras tanto, ya es irreversible: con la juramentación de Torres, la presidencia del Senado quedó zanjada esa misma tarde. Ninguna investigación interna de Juntos por el Perú, ni la reapertura del debate sobre las cámaras del hemiciclo, tiene ya el poder de cambiar el resultado de la votación. Y a instalado en el sillón que hasta hace pocas horas se disputaba voto por voto, ofreció una conferencia de prensa junto a sus tres vicepresidentes en la que prometió “prudencia” y “diálogo” para conducir la Mesa Directiva durante el periodo 2026-2027 —un intento, quizás, de bajarle el tono a una polémica que, del otro lado del hemiciclo, todavía no termina de cerrarse.

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