Luego de tres décadas, el Perú reestrenó este viernes el retorno de un Congreso bicameral. Entre puños en alto, medallas rechazadas y varios “sí, juro” que sonaron más a consigna de mitin que a acto protocolar, los 60 senadores y 130 diputados electos para el periodo 2026-2031 juraron sus cargos en el Palacio Legislativo.
El exministro fujimorista Absalón Vásquez Villanueva, quien heredó la credencial de senador que Rafael López Aliaga se negó a recibir, cayó estrepitosamente antes de jurar e invocar a todo pulmón la memoria del dictador Alberto Fujimori, cosechando palmas fujimoristas. No fue el único nostálgico de los años de dictadura. Martha Chávez juró “por la memoria del ingeniero Alberto Fujimori, el mejor presidente de la historia del Perú”, y Martha Moyano Delgado —hermana de la dirigente vecinal María Elena Moyano, asesinada por Sendero Luminoso en 1992—agregó la frase: “por María Elena Moyano y el presidente Alberto Fujimori”. Karla Schaefer Cuculiza, por su parte, prefirió repartir el cariño entre el almirante Miguel Grau, su madre y su tía Luisa María Cuculiza.
Del otro extremo del hemiciclo llegó la réplica. José Mercedes Castillo Terrones, hermano del apresado expresidente Pedro Castillo y flamante senador por Juntos por el Perú, se arrodilló frente a un crucifijo y una Biblia antes de jurar “por Puña, por los hombres y mujeres más humildes de mi Perú y por la libertad del presidente Pedro Castillo”. Íber Maraví Olarte fue por el mismo camino: “por la libertad del presidente Pedro Castillo, por una nueva Constitución y por justicia a las víctimas del sur”. Y Jaime Quito Sarmiento decidió que un simple juramento no le alcanzaba: levantó el puño derecho y prometió su cargo “por los mártires del sur, por los mártires del valle de Tambo, contra las leyes pro crimen, pro impunidad, por la libertad de Pedro Castillo y por una nueva Constitución y darle todo el poder al pueblo”.
Quito no se quedó ahí. Terminado el juramento, se negó a que Miguel Torres —presidente de la Junta Preparatoria y, por unos días más, el hombre a cargo del protocolo— le colocara la medalla parlamentaria; prefirió ponérsela él mismo. Consecuente con su papel de opositor, tampoco quiso la foto oficial junto a la Mesa Directiva. Y ya en el pasillo de Los Pasos Perdidos, calificó de “traidor” al presidente saliente José María Balcázar, a quien acusó de no haber cumplido su promesa de indultar y liberar a Pedro Castillo.
Entre tanto exabrupto y pose, hubo también quienes aprovecharon el momento para reivindicar demandas urgentes como la senadora Mirtha Vásquez, de Ahora Nación, juró “por la lucha contra la impunidad, por la justicia y la memoria de las víctimas de la dictadura de los 90 y de los últimos gobiernos autoritarios”, sumando además un compromiso contra la discriminación y la violencia hacia las mujeres. La misma invocación hizo la congresista Ruth Luque, mientras Fernando Rospigliosi se retorcía de la ira. Otros, más modestos, se limitaron a jurar por sus regiones: Jaime Delgado Zegarra lo hizo “por mi leal y apasionada defensa de los derechos ciudadanos y de los consumidores”, y Joaquín Yauri, “por el desarrollo de mi Huancavelica, por no más pueblos olvidados ni postergados y un Perú con mayor equidad”.
El espectáculo siguió en la otra cámara. Por la tarde, ya en la juramentación de los 130 diputados, Fuerza Popular y Juntos por el Perú protagonizaron lo que un medio local bautizó, con acierto, como un “duelo de arengas”: apenas se tomaron la foto oficial, los diputados de Juntos por el Perú corearon el nombre de su partido, y la bancada naranja no tardó en responder con un grito de “¡Sí se pudo!” que resonó por todo el hemiciclo.
Detrás del circo, sin embargo, hay un Congreso que empieza a moverse sin mucha gracia. La jornada marcó el retorno formal del sistema bicameral: el Senado quedó constituido a las 11:00 de la mañana bajo la conducción de Miguel Torres, y la Cámara de Diputados hizo lo propio por la tarde, presidida por Cecilia Chacón. En total, 190 legisladores —60 senadores y 130 diputados— asumieron funciones que se activarán en pleno recién el 28 de julio, coincidiendo con el cambio de mando presidencial. La Cámara de Diputados concentrará el inicio del trámite legislativo y el control político sobre el Ejecutivo, incluida la facultad exclusiva de interpelar o censurar ministros; el Senado, por su parte, oficiará de segunda instancia de revisión antes de que cualquier ley quede lista.
Y mientras los discursos de juramentación acaparaban las cámaras, en los pasillos avanzaba la verdadera pelea: la del reparto de poder. Este domingo 26 de julio, ambas cámaras elegirán a sus mesas directivas, y el resultado ya luce cantado. Fuerza Popular y Renovación Popular, los dos partidos más grandes de la derecha peruana, cerraron un pacto para repartirse la conducción: los naranjas se quedarían con el Senado, los celestes con la Cámara de Diputados. “Nosotros vamos a apoyar a Fuerza Popular en el Senado y, en Diputados, iríamos nosotros”, confirmó la propia Norma Yarrow, sin sonrojarse, mientras su colega Lourdes Alcorta resumía la lógica del acuerdo sin mayores rodeos: “Somos dos partidos de derecha, ¿vamos a entregarle el partido a la izquierda?”.
Las cartas para presidir cada cámara ya tienen nombre y apellido. En el Senado, todo apunta a Miguel Torres, quien llega con la ventaja de haber conducido ya la Junta Preparatoria, pero con el recuerdo fresco de haber reconocido públicamente que “no fue sencillo sacar a Pedro Castillo” y con el antecedente de haber sido acusado por su excompañera de bancada fujimorista, Patricia Donayre de “no tener pantalones” y de “seguir consignas de su jefa”, cuando presidió la comisión de Constitución y llevó adelante la reforma electoral. En la Cámara de Diputados, la carta celeste es Norma Yarrow, actual congresista y excandidata a la primera vicepresidencia en la fórmula de Rafael López Aliaga, la misma que sin empcho dijo en pleno mitin de campaña: “Si Gana Robeto Sánchez lo vamos a vacar, como lo hicimos con Pedro Castillo. A ambos se le sumaría un tercer socio, el Partido del Buen Gobierno, con el que la coalición sumaría 37 votos en el Senado —bastante por encima de los 23 que reuniría la izquierda— y 74 en Diputados, frente a 56. El propio Jorge Nieto, líder de Buen Gobierno, ha intentado nadar contra la corriente pidiéndole a Keiko Fujimori que ambas cámaras queden en manos de la oposición: “Creo que para el país y para su propio gobierno es conveniente que las dos cámaras sean dirigidas por partidos de oposición”, remarcó. Hasta ahora, nadie parece haberle hecho mucho caso.
¿Quiénes son, entonces, los dos nombres que se perfilan para ordenar este circo? Miguel Ángel “Miki” Torres Morales, de 46 años, es abogado por la Universidad de Lima e hijo de Carlos Torres y Torres Lara, la histórica figura fujimorista que presidió el Congreso y tuvo a su cargo la redacción de la Constitución de 1993, aún vigente. Y también célebre por ser el autor de la inconstitucional “ley de interpretación auténtica” que le permitió a Alberto Fujimori la re-reelección presidencial. Miki Torres fue congresista entre 2016 y 2020, presidió la Comisión de Constitución y Reglamento, y llegó a esta elección como candidato a la segunda vicepresidencia en la plancha de Keiko Fujimori. Norma Martina Yarrow Lumbreras, de 62 años, es arquitecta chiclayana y exregidora de Lima. Entró al Congreso en 2021 con Renovación Popular, se fue meses después denunciando hostigamiento de su colega Jorge Montoya, y regresó en 2024 para asumir la secretaría general del partido. Esta vez postuló como primera vicepresidenta de López Aliaga y ahora vuelve al hemiciclo como diputada electa.
El telón de este primer acto ya cayó. El próximo se levanta el domingo, cuando se sepa oficialmente quién preside cada cámara, y el siguiente, el 28 de julio, cuando el Congreso empiece a funcionar de verdad y Keiko Fujimori jure como nueva jefa de Estado. Si la ceremonia de instalación sirve de adelanto, la función recién empieza.





